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in Announcement/Field Notes

The first season of the short-form web series DISTANCIA is online.

Tierra del Fuego resists being grasped by canonical approaches to knowledge. If objective observation, ethnographic interpretation and geographic analysis seem to have exhausted themselves, what other method is there? Or must the query be abandoned all together? But how does one abandon a desire, and the question of how to learn an other’s language, its language? Peripheral tactics must be attempted. Like a horror story that fictionalizes a crime to stir up the emotion of fear, DISTANCIA fictionalizes the method of Ensayos through which a group of researchers in Tierra del Fuego comes closer to comprehending the archipelago.

The experience of ensayar (rehearsing) is dispersed, it isn’t anything in itself, it is ruffled by the wind, it is forgotten with the irruption of a motor, it becomes insignificant in the rain. From the desolate distance of being what one is, of not being a machine, of not being a horse, nor a road, nor a mountain, nor a cloud, nor Selk’nam, it is possible to suspend the ambition of having any certainty of what any one-thing is. Without doing away with difference, without replacing anyone, without negating the uncomfortable feeling of distance, without appropriating an external point of view, ensayar proposes a mode of faking the manner of the Other, of everything.

When a couple (or a group) of people share a decolonial desire, certain capabilities and defenses are developed. These faculties help them survive. The capability of unknowing oneself is the first tool we’ve discovered. And with every Ensayo, we delve deeper into this practice of play-acting to be one another; this is how ensayar makes us more bizarre, more assertive, more responsible, more response-able. In order to begin to ensayar, there are endless stories, relationships, and contacts that one must necessarily grasp. This data-base is shared and collectivized, but nonetheless each one also has to experience the archipelagic state of mind for themselves. It’s a complex way of going about it, because it implies great commitment, but these also serve a purpose, they become survival tactics (maps, guides, blueprints) that we then exchange in order to feel sound and speak of our existence.

She awaited us,

Magnificent,

on the other side of the Strait.

Night fell as we advanced

and I remained silent, expectant.

The child inside the car

asked all the difficult questions,

and the doctor replied with his certainties.

The rest of us said nothing.

Every so often, sighs were heard.

These wrung out the only certainty:

there is still a long road ahead.

I commented, to myself:

What are we if we abandon science, theory, and interpretation?

Carolina asked us to stop,

she pulled out her camera,

and attached it to the car.

I admired her.

The camera is now strapped to be the car
and the picture will fake the position of the pickup truck

gliding along the road,
we then did the same with everything else.

DISTANCIA pictures this other way of being. Recovering and examining irrational manners and erased realities, we criticize consensual reality; recovering and examining other’s languages we criticize our own means, also imperialist, also a resource. DISTANCIA is not preconceived. The ensayos accumulated, we mulled over the material, edited in parts, and gave shape to this virtual object. Every shot, every sequence, every cut, every sound, insists on the living and actual participation of at least two things that, at the very least, generate one another: human on human, human on more than human, and more than human on more than human.

“Let’s go hungry,” I suggested.

“Yes, please,” she answered.

We walked in silence for a long while,
and then she brought it up:

What if the island is the criminal?

Tierra del Fuego? I asked.

She nodded yes.

-Camila Marambio, Noviembre 2018

Ñirres film still by Carolina Saquel

La Tierra del Fuego se resiste a ser comprendida por las aproximaciones canónicas del conocimiento. Si la lectura y el análisis, la observación objetiva y la etnografía parecen estar agotadas ¿quedará algún otro método? ¿o habrá que abandonar la inquietud? Pero, ¿cómo se abandona una duda y la curiosidad de aprehender otros idiomas, su idioma? Habrá que intentar otra táctica. Así, como una historia de terror ficciona un crimen y la emoción del miedo es vívida, DISTANCIA ficciona otra cosa, el método con el que un grupo de investigadores fueguinos hemos conseguido aproximarnos más a la comprensión de este archipiélago: el Ensayo.

La experiencia de ensayar es difusa, no es nada en sí, se funde con el viento, se olvida con la irrupción del bomba, se vuelve insignificante con la lluvia. Desde la desoladora distancia de ser lo que se es, de no ser máquina, de no ser caballo, ni camino, ni montaña, ni nube, ni Selk’nam, se puede suspender la ambición de tener certeza de lo que algo es y, sin acabar con las diferencias, sin reemplazar a nadie, sin dejar de sentir distancia, sin adueñarse de ningún punto de vista ajeno, es que el Ensayo propone estar y fingir el modo del Otro, de todo.

Cuando un par o un grupo de personas comparten el deseo decolonial, se desarrollan ciertas capacidades y defensas. Estas facultades sirven para sobrevivir. La capacidad de desconocerse es la principal herramienta que hemos descubierto. Y con cada Ensayo ahondamos en esto de fingir ser otro y así es como ensayar nos vuelve más bizarros, más asertivos, más responsables, más hábiles para responder. Para comenzar a ensayar hay un sin fin de historias, relaciones, y contactos que se tienen que necesariamente aprehender. Esta base de datos se comparte y se colectiviza, pero cada cual también tiene que experienciar por sí mismo el estado mental archipilágico. Es una forma compleja de proceder, porque implica grandes compromisos, pero éstos también sirven; se vuelven tácticas de sobrevivencia (mapas, guías, planos) que luego intercambiamos para sentirnos cuerdos y compartir el sentido de nuestra existencia.

Ella nos esperaba,

esplendorosa,

al otro lado del Estrecho.

Se hacía de noche a medida que avanzábamos,

 y yo, expectante, callaba.

El niño dentro del auto

se ocupó de hablar de los temas difíciles,

 y el médico de responderle con certezas.

Las otras nada decíamos.

A cada rato se escuchaban suspiros.

Estos exprimían lo que único cierto:

aún queda mucho camino por recorrer.     

Para mis adentros me comenté

¿Qué somos si abandonamos la ciencia, la teoría, y la lectura?

Carolina pidió que paráramos, sacó su cámara, y la adosó al auto.

Yo la admiré.

Ahora la cámara fingía ser el vehículo

 y la imagen tendría la visión de la camioneta enfrentando el camino,

 y así hicimos con todo lo demás.

Con DISTANCIA creamos esa otra forma de estar. Recuperamos y examinamos estéticas no-occidentales, mientras criticamos las occidentales. Recuperamos y examinamos modos irracionales y realidades borradas mientras criticamos la realidad consensuada; recuperamos y examinamos otras lenguas mientras criticamos la propia, imperialista también, recurso también. La DISTANCIA no es preconcebida. Los ensayos se fueron acumulando, luego se masticaron, editaron, y dieron forma a este objeto virtual. Cada plano, cada secuencia, cada corte, cada sonido, insiste en la participación viva y actual de por lo menos dos cosas que, al menos, generan otra más, humano con humano, humano con más que humano y más que humano con más que humano.

“¿Pasemos hambre?” le dije.

“Si, por favor,” me contestó.

Caminamos por largo rato en silencio,

y luego sugirió:

¿Y qué si la isla es la criminal?

¿La Tierra del Fuego? pregunté.

Asintió con la cabeza.

-Camila Marambio, Noviembre 2018

Ñirres, fotografía fija de Carolina Saquel

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